Muchas personas pueden decir que internet le cambio la vida, de hecho la vida en el mundo cambio con la red. Pero también la red ha cambiado mucho en tan poco tiempo que pocos han podido notarlo. Además de aquellas personas que desarrollan aplicaciones y sitios webs que fácilmente pueden percibir los cambios, el mundo del porno ahora es diferente a como era a hace cuatro años.

Solo debemos irnos al 2008 y notaremos qué tanto cambió la forma de ver chicas desnudas teniendo sexo. Más allá de la virilidad que cobro otro sentido, o la forma como accedemos a la web que ahora es mayoritariamente por móviles, la diferencia más importante está en la forma como presentamos el porno actualmente.

Hoy puedes entrar a un Porno Tube y tener un final feliz con una chica que posiblemente primera vez miras, y muy seguro que sea la última. Es algo frívolo, frio e insensible. Antes, entrabas a un sitio y podías leer una historia de esa chica. Qué, o por qué decidió entregar su sensualidad para complacer tus fantasías virtuales. Básicamente en cierto punto podías sentir empatía por esa chica y hasta crear un lazo.

Era lo que se conocía como fanáticos. Algunos hasta desarrollaban una especie de lealtad o fidelidad pajera, algo como una promesa implícita de no tener un fap con otra que no fuera ella. Si hay alguno que le parezca estúpido lo que digo, entonces que explique: ¿cómo alguien llamada Rubí puede ser famosa? Así entenderá que si de estupidez se trata ninguna generación se salva.

Pero el romanticismo en el porno no debe perderse, debe evolucionar en una nueva forma, porque detrás de todo gran cuerpo esta una historia interesante que contar, verdadera o falsa siempre habrá alguna. O a la inversa tal vez, pero el sentido en el que corren las agujas no altera el transcurso del tiempo.

Entonces, es aquí donde encontramos a una chica de cuerpo y belleza impresionante cuyo nombre no dice nada, y su apellido (al menos que seas venezolano) tampoco: Carolina Petkoff. Y puedo jurar que no será la primera vez que te acaricias las partes viendo una de sus fotos, y por Xenu que no será la última. Pero si puedo asegurar que dos de tres personas que leyeron hasta aquí no saben que el apellido Petkoff pertenece a un político venezolano.

Su abuelo, Teodoro Petkoff es un señor de 84 años que desde muy joven a formado parte de la política de su país, ampliamente conocido como periodista y además ha ejercido cargos importantes en el gobierno en diferentes periodos con diferentes presidentes. Pero si te gustan arrugados y quieres seguir con lo del viejito, entra a Wikipedia.

Pues bien, la alta sociedad venezolana identifica el apellido Petkoff como uno más de alta clase social de donde solo salían abogados, escritores, periodistas y otra gran cantidad de profesionales inútiles. Pero de un momento a otro en las redes sociales salta el nombre de Carolina Petkoff, y pasó lo que era de esperarse: nadie pensó en ningún momento si había parentesco.

Es lógico, porque ningún hombre piensa racionalmente con una erección. Y la erección fue en colectiva. Luego de tres o cuatros años que Carolina Petkoff estaba cansada de aparecer desnuda en un sin fin de revistas, fue que alguien se planteó la pregunta. Seguramente fue una mujer y no un hombre quien empezó a investigar.

Como sea, alguien llego a iluminar un poco y revelo al mundo su parentesco con el político. Sí, Carolina Petkoff es nieta de Teodoro Petkoff. Pero la historia no termina ahí, porque aún se mueven redes en el submundo de internet donde solo los pervertidos y calentones se aceptan entre sí en una gran comunidad, y además comparten las mas insólitas y mayoritariamente verídicas historias sobre modelos y famosas.

Carolina Petkoff es madre, está estudiando para piloto (no sé si de aviones, carros, bici o monopatines) y obviamente es modelo. Además esta chica tiene una fundación llamada Fundación Carolina Petkoff, que hace algo bueno por algunos niños. Pero lo curioso es que no tiene ninguna vinculación con algún partido político. Públicamente jamás declaro haber tenido parentesco con su abuelo. Ella afirma que le gusta correr motos, hasta afirma que en una Suzuki 600 y que acostumbra a ir a 190 K/h por una autopista de la capital de su país.

Pero, cualquier caraqueño sabe eso no es cierto, una chica en una moto de ese caballaje en su país sería una fácil víctima de los delincuentes y no hay tanta ruta como para alcanzar la velocidad mencionada. Así que ya por ese pequeño detalle empezamos a dudar de su credibilidad.

Pero básicamente se dice en algunos rincones (o peluquerías de internet) que esta chica está peleada desde hace mucho con gran parte de su familia -familia Petkoff-, sus padres y otros familiares más directos de igual forma. Esto hizo que Carolina estuviera un tanto alejada del apellido que lleva. Otra de las cosas que se dicen que es que su edad es falsa, ya que afirma tener 24 años y según algunas fuentes se le pueden sumar 4 años más. Aunque hay nadie se puede quejar al respecto.

Aunque el siguiente chisme viene ser el que más se debate, y es que hay quienes afirman que esta chica antes de ser modelo reconocida era una muy cotizada dama de compañía. Una de esas que solo ciertos pocos pueden pagar y que de ahí fue que pudo financiar su carrera de modelo. Algunas fotos en yates, Miami, Francia, y en diferentes playas del mundo ponen a cualquiera a dudar, porque, todos sabemos que el modelaje por sí solo no da dinero.

Pero más allá de los chimes de internet y los prejuicios que puedan tener algunos, esta chica es bella, para mi gusto hermosa, y sus trabajos hacen que todos quieran seguirle la pista. Aunque su fama se limita a su país, y hasta ahora no hay un desnudo que la haga consagrarse a nivel internacional, creo que si ella quiere hacerlo podría. Ya solo con desearlo nosotros no basta.

En conclusión, aquellos que leyeron desde arriba y ahora están leyendo aquí, pueden notar que perdieron algunos minutos de su vida, pero sépanlo que mientras lo hacían, miraban los desnudos de Carolina Petkoff, así que no fue del todo tiempo perdido. Los que no leyeron son unos putos cabrones y precisamente por no leer es que jamás sabrán que los llamé putos cabrones. Y para aquellos que volverán a revisar este blog, espero que la próxima historia sea aún mejor que esta.

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